Títulos de la ciudad de Oviedo

Oviedo, ciudad y capital (según el Estatuto de Autonomía de Asturias) del Principado de Asturias. Su origen se remonta a la Alta Edad Media (siglo VIII).

Centro comercial, religioso, administrativo y universitario de la región y sede de la Archidiócesis de Oviedo. Ostenta los títulos de «muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena» que figuran en el escudo del municipio y así lo recoge una placa situada en la fachada del edificio del Ayuntamiento. El municipio de Oviedo es el segundo más poblado de la región con 225.391 habitantes.

Uviéu o Uvieo, es el nombre que recibe la ciudad en asturiano. La denominación en castellano, "Oviedo", es la oficial y más extendida. En las crónicas medievales del Reino de Asturias se la denomina alternativamente Ovetao u Oveto. Así en el Testamento de Alfonso II se la denomina Ovetdao.

Etimológicamente no está claro el origen del nombre de la ciudad. Ramón Menéndez-Pidal le atribuyó al topónimo un origen celta. También se le han atribuido diversos significados en lengua vasca. Algunas teorías apuntan a que proviene del latín medieval Urbs Vetus, que significa «ciudad vieja». Para otros el origen se trataría de la unión de Ovis con el sufijo -etum, que significa «lugar abundante en ovejas», aunque esto no parece muy fundamentado. Otras explicaciones consideran que iovetano es adjetivo de Iove (que significa Júpiter, por lo que el lugar podría haber sido un lugar de veneración a Júpiter). Aún no se tiene claro el origen etimológico de Oviedo y ninguna teoría es plenamente aceptada.

Los símbolos del concejo de Oviedo son el escudo, en el que figuran los títulos que ostenta la ciudad alrededor de la Cruz de los Ángeles y timbrado por una corona real, y la bandera, de color azul con el escudo en el centro.

El Carbayón que dio nombre a los habitantes de la ciudad de Oviedo, talado en 1879.

El gentilicio de los habitantes de Oviedo es ovetense, aunque popularmente también se les conoce como carbayones, en recuerdo de un árbol que fue durante muchos siglos símbolo de la ciudad. Un carbayu es un roble en asturiano, un árbol que era sagrado para los antiguos astures y cántabros. Uno de ellos, era conocido con el nombre de «el Carbayón», y estaba plantado en lo que, hasta mediados del siglo XIX, eran las afueras de la ciudad. La necesidad de conectar el casco antiguo de la ciudad con la nueva Estación del Norte (a la que llegaban los trenes provenientes de la Meseta Central) llevó a la corporación municipal a impulsar un ensanche que obligó a talarlo, pues su presencia impedía que la que hoy es la calle Uría tuviese el trazado rectilíneo que pretendían los impulsores de esta ordenación del extrarradio de la ciudad. Pese a la oposición de gran parte de los ciudadanos, el roble fue finalmente talado en 1879.

En 1950 el municipio plantó otro roble cerca del Teatro Campoamor, al que se apodó cariñosamente «el Carbayín», pero se secó pocos años después.

En 1970 fue sustituido por otro traído de San Lázaro de Paniceres (concejo de Oviedo), que aún hoy en día se levanta en la parte trasera del citado teatro, dando nombre a la plaza que lo acoge. Además, en el lugar donde estaba el Carbayón original se colocó, sobre la acera, una placa conmemorativa en marzo de 1959.

Edad Media

Testero de la primitiva Iglesia de San Tirso construida por Alfonso II.

La ciudad de Oviedo fue fundada en 761, según el relato que se hace de la misma en el Pacto monástico de San Vicente, fechado en 781 y conservado en copia del siglo XII en el Archivo del Monasterio de San Pelayo, sobre una colina situada en el cruce de caminos que unían, de norte a sur, León con Lucus Asturum, la actual Lugo de Llanera, pasando por el puerto de Pajares, y el que se dirigía al oeste en dirección a Galicia. La colina, en ese momento desierta, llamada Ovetao u Oveto, fue ocupada por los monjes Máximo y Fromestano donde construyeron un monasterio que dedicaron a San Vicente. Posteriormente, en fecha imprecisa y probablemente para confirmar la posesión de la colina por los monjes de San Vicente, el rey Fruela I visitó el lugar y decidió erigir una basílica dedicada a San Salvador y otras dependencias, en las que nacería su hijo, el futuro Alfonso II el Casto.

Alfonso II el Casto trasladó la capital del reino de Asturias a Oviedo en un momento indeterminado, pero antes de 812, fecha del Testamento de Alfonso II, que se guarda en el Archivo de la Catedral de Oviedo, y donde ya cita a la ciudad como lugar donde reside. La convirtió en sede episcopal, la fortificó y dotó de palacios, iglesias y otras estructuras. La muralla que protegía la ciudad, de la que hoy apenas quedan partes visibles en varios emplazamientos, delimitaba una figura circular adaptada a la colina, ocupando un terreno de once hectáreas que cobijaba a unas 6.000 personas distribuidas en tres barrios relativamente diferenciados: La Villa, que agrupaba los edificios más antiguos religiosos y civiles; Cimadevilla, mercantil y vinculada a las peregrinaciones; y Socastiello.

Durante su reinado, en 812, se descubrió en Compostela una tumba que se supuso del apóstol Santiago. Alfonso II partió de Oviedo para visitar la tumba, con lo que se convirtió en el primer monarca peregrino en ir a Santiago de Compostela, inaugurando el primer camino de peregrinos. Esto puede leerse en un documento de Alfonso II fechado el 4 de septiembre del año 829, donde se concede a la iglesia de Santiago de Compostela el espacio comprendido en un radio de tres millas en torno a dicha iglesia —que fue construida para venerar y proteger las sagradas reliquias— y donde asimismo se cuenta como este rey se enteró del hallazgo y como acudió a visitarlo.

Cámara Santa en el interior de la Catedral. Se guardan en ellas las reliquias y el tesoro del antiguo Reino de Asturias.

De hecho también en época de Alfonso II, se trajeron a la capilla del Salvador varias reliquias, entre ellas un paño que cubrió el rostro de Jesucristo en la tumba antes de la resurrección. Y tanta importancia tuvo en la cristiandad, que había un dicho muy popular aplicado a los peregrinos de Santiago: "Quién va a Santiago y no a San Salvador, honra al siervo y descuida al Señor". Sobre la antigua capilla está erigida la Catedral de Oviedo que recibe el nombre de "San Salvador" y que aún custodia todas aquellas reliquias de la época de Alfonso II además de las que con el tiempo fue adquiriendo.

En el siglo X, el avance de la Reconquista conllevó el traslado de la capital a León, haciendo perder a la ciudad parte de su importancia. Sin embargo, gracias a su contacto con la corte de Carlomagno, comenzó a fluir desde el reino de éste un río de peregrinos que entraban por los Pirineos y por el norte iban hasta Oviedo y desde ahí hacia Santiago, con lo cual el camino norte es la ruta más antigua de los peregrinos a Santiago de Compostela. Si los primeros peregrinos usaban esta vía se debe a que más al sur el camino no era seguro en esa época porque se trataba de un territorio en que eran frecuentes las incursiones musulmanas.

En el año 1075 fue a visitar Oviedo en calidad de peregrino el rey de León y de Castilla, Alfonso VI. Abrió solemnemente el Arca Santa en la iglesia de San Salvador, que contenía muchas y muy buenas reliquias que habían estado escondidas en la Ermita de Santiago (situada a 10 km de distancia), a raíz de la conquista musulmana. A partir de este hecho, Oviedo y sus reliquias fueron internacionalmente famosos.

El rey Juan I, en 1388, fundó el Principado de Asturias, título inaugurado por el infante don Enrique, hijo de aquél, y que desde entonces corresponderá a los sucesores a la Corona. Oviedo se convirtió entonces en la capital del Principado. Al tiempo surgía la Junta General del Principado de Asturias, institución de derecho público que como Junta de Concejos funcionó con carácter permanente desde mediados del siglo XV hasta 1834, año en que se dio paso a las Diputaciones Provinciales.

Edad Moderna

Actualmente la Plaza del Fontán

Durante la Edad Moderna hubo una inmovilización económica debida a un cierto aislamiento y a la decaída de las peregrinaciones por el camino del norte. En 1521 un incendio devastó la ciudad, lo que posteriormente permitió regular el trazado de las calles: se pasó de un trazado principalmente radial a uno ortogonal. Como parte de un plan para recuperar económicamente la ciudad, se potenció el comercio desecando la charca del Fontán, que se convirtió en el primer centro comercial a extramuros, aunque su urbanización no se completó hasta el siglo XVIII. A finales del mismo, la ciudad empezó a experimentar una vida cultural bastante intensa, destacando la figura de Feijoo. Se creó la Sociedad Económica de Amigos del País que llegó a ser un grupo con un cierto prestigio cultural e influencia política. Otras fuentes de dinamismo fueron el traslado de la Fábrica de Armas desde el País Vasco y la apertura de la Universidad, aunque esta última no supuso un motor de crecimiento para la ciudad hasta la segunda mitad del siglo XX. Estas actividades elevaron el censo hasta unas 8.000 personas, lo que supuso expandir el casco urbano hacia las zonas de la plaza de Riego, el Campo de San Francisco o el Postigo.

Siglo XIX en adelante

En octubre de 1807 se produjo la invasión napoleónica de España. Al llegar a Asturias las noticias de los sucesos acaecidos en Madrid el 2 de mayo de 1808, y tras el levantamiento de la población, la Junta General del Principado de Asturias se reunió el 9 de mayo para tomar las primeras medidas que asegurasen la defensa de la provincia, en franca rebeldía ante las órdenes emanadas del Gobierno Central en manos ya de los franceses. Las noticias se fueron sucediendo, sobre todo las abdicaciones de Bayona, por lo que finalmente el 24 de mayo, y con gran apoyo popular, y tras la expulsión de los miembros contrarios, la Junta se declaró soberana, convirtiéndose en la Junta Suprema de Gobierno del Principado de Asturias, y declaró la guerra a Francia.

Fábrica de Armas

Económicamente en este siglo hubo un despegue económico en Asturias, que se reflejó en la capital a partir de 1850, cuando se maquinizó la Fábrica de Armas (que ocupaba a mil obreros), lo que ayudó a que se instalaran fundiciones metalúrgicas como La Amistad y Bertrand, la Fábrica de gas y una tabacalera. Sin embargo, la tarea de Oviedo en el desarrollo capitalista de la región fue la de centro organizador. Su privilegiada localización entre las cuencas hulleras y los puertos fue apoyada por su fuerte capacidad de inversión (antes de 1897 se habían abierto cuatro bancos), capacidad que fue incrementada con el retorno de capitales cubanos tras la Guerra Hispano-Estadounidense en 1898.

El sector terciario de la ciudad empezó a ser significativo a comienzos del siglo XX, cuando se frenó el impulso industrializador, y creció rápidamente; en 1930 había operativas 874 licencias comerciales, de las que una de cada tres estaba en la calle Uría. En parte se debió a la mejora de las comunicaciones, que permitió ampliar el área económica de la burguesía ovetense. El tráfico del sistema ferroviario se incrementó sobremanera: hasta 42 trenes llegaban diariamente en 1924 a las tres estaciones con las que la ciudad contaba entonces. Al mismo tiempo, la red de carreteras también se expandió, creándose líneas regulares de viajeros y mercancías; en 1926 operaban en la ciudad doce compañías de autobuses, aunque hasta 1956 no existieron autobuses urbanos.

Durante la revolución de 1934 se libraron diez días de intensos combates dentro de la ciudad que la dejaron asolada en buena parte: resultan dañados en mayor o menor medida, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de extraordinario valor que no se pudieron recuperar, el Teatro Campoamor y muchas casas particulares, especialmente de la zona de la calle Uría. La Cámara Santa en la Catedral también fue dinamitada. Aún sin haber concluido completamente la reconstrucción de las zonas afectadas, la ciudad se encontró con la sublevación del Ejército en 1936 que dio lugar a la Guerra Civil. El coronel Aranda se levantó, y fue la única ciudad de todo el norte de España que quedó en manos de los sublevados, rodeada completamente por tropas y milicianos leales a la República. Pronto la ciudad quedó sitiada, y así permaneció durante noventa días hasta que el ejército sublevado proveniente de Galicia rompió el cerco, creando un corredor que permaneció abierto hasta el fin de la guerra en el norte, un año después. Esto fue el fin de la guerra en Oviedo, que no volvió a estar en peligro. Durante estos tres meses de asedio, el efecto de la artillería, de los bombardeos y de las luchas dentro de la ciudad fue la destrucción del 75% de su capacidad de alojamiento. Ciertos barrios, como El Campillín, quedaron arrasados y gran parte del patrimonio cultural fue dañado, incendiado o destruido. A partir de 1941 la ciudad se acoge al Plan de Urbanización o de Reconstrucción Nacional de Valentín Gamazo, siendo el casco antiguo declarado zona monumental en 1955. Tras una prolongada etapa franquista, se celebraron las primeras elecciones democráticas el 3 de abril de 1979. El 24 de septiembre de 1980 se crea la Fundación Príncipe de Asturias, que entre otras cosas celebra los Premios Príncipe de Asturias desde 1981.